El factor oportunista de la Economía Colaborativa

Queda fuera de toda duda que la Economía Colaborativa abre un universo de posibilidades tanto a nivel económico como social. De un lado, superar la infrautilización de bienes permite obtener una contraprestación sin la cual el interesado vería dificultada o incluso imposibilitada la realización de la actividad. Pensemos en un joven que necesariamente ha de compartir su coche para poder viajar; de otro, el componente social y emocional tienen un peso, a mi juicio, trascendental, puesto que nos encontramos ante una nueva forma de concebir la economía y la sociedad en su conjunto, donde la noción de la propiedad queda diluida a favor de nuevas figuras y la forma de interactuar entre las personas está evolucionando rápidamente.

No obstante, como en toda nueva era, siempre hay un colectivo que se ve perjudicado. La Historia nos aporta innumerables muestras, como, por ejemplo, la mano de obra “excedente” por la inclusión del trabajo mecanizado en la agricultura e industriaEn la actualidad encontramos un paralelismo en la universalización de las nuevas tecnologías. Dentro de la órbita de la Economía Colaborativa es inevitable pensar en los taxistas y en la guerra sin cuartel que se libra entre éstos y Uber. En esta ocasión me gustaría incidir sobre aquellas plataformas de mensajería –GlovoDeliveroo que, hábilmente, sortean nuestra inadaptada legislación y se valen de la situación alegal en la que se desenvuelven estas prácticas. De ahí que podamos afirmar que existe cierto componente “oportunista”.

La parte perjudicada recae sobre los verdaderos brazos ejecutores de la actividad, esto es, los repartidores. Como podemos observar acudiendo a la hemeroteca y a las redes sociales, se cuentan por cientos los testimonios de estos trabajadores que “destapan” ciertas realidades de estos servicios camuflados bajo el velo de la Economía Colaborativa. Ha de quedar meridianamente claro que estamos ante verdaderas empresas de reparto que, eso sí, emplean medios digitales, tanto para la ejecución del servicio como a la hora de establecer relaciones laborales, económicas, comunicativas, etc., entre todos aquellos agentes que la conforman. Sin embargo, para una parte muy importante de la población sigue subyaciendo la idea de que nos encontramosante soluciones colaborativas como BlaBlaCar, pero en realidad son un servicio empresarial, en tanto en cuanto se produce un asimilación con los trabajadores autónomos económicamente dependientes, y la entidad, que persigue el lucro, organiza y supervisa la actividad.

Situando el punto de mira en el eje laboral, nos encontramos con repartidores dados de alta como autónomos tradicionales, pero que en muchos casos trabajan exclusivamente para la plataforma, encontrándose en una situación de cuasi-dependencia económica. En otras palabras, podemos afirmar que no disfrutan de las bondades de un trabajador asalariado al uso pero, en cambio, adolecen de todos los inconvenientes asociados a los autónomos. Al respecto, las plataformas de reparto habitualmente esgrimen diversos razonamientos en su defensa, tales como la “libertad” por parte del repartidor para trabajar cuando quiera; ofrecer la posibilidad a estudiantes de obtener ingresos; o colaborar en el desarrollo de nuevos servicios que benefician a la sociedad. Sea como fuere, la precariedad laboral, un problema que da origen a otros muchos, es la tónica habitual.

Así las cosas, lo cierto es que es realmente complicado –y arduo– establecer límites legales y regular una actividad basada en la digitalización, pues trabajar desde cualquier parte y en cualquier momento complica la situación notablemente. Este hecho no es óbice para perpetuar la precariedad de los trabajadores, que se ven abocados a jornadas de 10 o 12 horas para obtener una retribución de 500 o 600€, una vez descontada la cuota de autónomos y parte del equipo que ellos mismos han de poner.

No se trata de criminalizar estos servicios, sino todo lo contrario, por las múltiples posibilidades que reportan a la sociedad. Ciertamente es maravilloso encargar tu cena mientras un chófer de Cabify te lleva a tu domicilio y recibirla al bajarte del vehículo. Debemos tener en cuenta que estas entidades, que literalmente están dando sus primeros pasos, se ven inmersas en una dinámica competitiva especialmente feroz, condicionadas por los intereses de inversores privados. Sin embargo, debe configurarse un marco legal de modo que el beneficioeconómico-social repercuta efectivamente sobre todos.

Una posible solución, al menos provisional, podría pasar por la creación de un registro centralizado y estatal donde figuren todas aquellas plataformas que cuenten con “trabajadores” en esta situación. Si nos fijamos, los únicos asalariados con que cuentan son aquellos que conforman el back office, es decir, contables, personal de desarrollo de negocio, técnicos de marketing, etc., pero no aquellos que dan sentido a la propia entidad, –los repartidores, que precisamente parecen ser los más perjudicados.

En dicho registro figurarían, con mayor o menor rigor, todos aquellos sujetos no asalariados, cuándo trabajan, dónde y de qué manera, a la vez que se crea una nueva figura de “autónomo” adaptada a las nuevas reglas de juego. Una forma de mitigar la precariedad podría pasar permitiendo ciertas deducciones fiscales u ofreciendobeneficios empresariales que corriesen a cargo de la empresa, por ejemplo, una póliza de incapacidad laboral temporal. Puede haber quien sostenga que dicho coste es inasumible, pero estoy convencido que la situaciónactual, de altísima rotación, es totalmente contraproducente. No hay partida presupuestaria mejor invertida que aquella que vela por sus agentes, asalariados o no, y que redundan en un servicio mejor, en menores o nulos costes de reclutamiento –de por sí muy elevados– y en el fortalecimiento de la propia marca, que es el activo más poderoso de que pueda disponer cualquier empresa.

El tiempo nos dirá si finalmente el Derecho puede regular –aún mínimamente– estas situaciones o, en cambio, asistimos a una nueva etapa de flexibilidad total donde lo único importante es el resultado empresarial a corto plazo, y donde el beneficio de unos se ve generado por el sufrimiento y la precariedad de otros tantos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicación en el Blog de Economía Colaborativa Derecho UDC:  https://economiacolaborativaudcderecho.wordpress.com/

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